El muelle diecisiete, el más antiguo y vasto del puerto de Ciudad A, olía a salitre, a óxido y a la inminente llegada de una tormenta.
Las grúas se alzaban como centinelas de hierro bajo un cielo encapotado que amenazaba con descargar su furia sobre los hombres reunidos abajo.
En el centro de la explanada, se había erigido una estructura temporal: una mesa de madera maciza rodeada por los líderes de los clanes menores, los Valli, los herederos de los Moretti y los representantes de las familias