El invierno en Ciudad A no solo traía consigo el frío que mordía el metal de las grúas del puerto, sino una bruma perpetua que parecía querer ocultar los pecados de la nueva dinastía Perseus.
En la mansión, la actividad frenética de las semanas anteriores había dado paso a un silencio reverencial. Zander había ordenado que el ala sur fuera readecuada por completo: alfombras de lana virgen para amortiguar el ruido, luces cálidas de intensidad regulable y un equipo médico de guardia permanente.
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