El jardín de la mansión Perseus era un campo de batalla disfrazado de gala.
El césped, de un verde tan perfecto que parecía artificial, estaba plagado de fotógrafos de prensa, reporteros de sociedad y las figuras más influyentes de Ciudad A.
Selene caminaba con la columna rígida, sintiendo el peso de un vestido de seda esmeralda que parecía una armadura de alta costura.
Zander la sostenía por la cintura con una mano firme, casi posesiva, enviando una señal silenciosa al mundo: ella estaba bajo