Oriana
La tormenta rugía afuera, sacudiendo la cabaña como si intentara advertirme que mi tiempo con Sthepan estaba contado. Me incliné sobre la mesa rústica, repasando la lista de suministros que él había garabateado en un papel arrugado y le tomé una foto para enviársela a Alexei, que había ido a la tienda. Por el momento, trataba de concentrarme, en nuestra supervivencia, aunque era imposible.
Frente a mí, se encontraba Sthepan recostado en el sofá de cuero desgastado, con la pierna en alto.