El viento helado arrastraba el eco de las hojas secas mientras el grupo avanzaba por el sendero que los conducía hacia las Tierras Perdidas. Cada paso parecía resonar como un presagio en el suelo duro, recordándoles que el destino de su mundo dependía de este arriesgado viaje. Kael lideraba el grupo, con los ojos atentos y su espada al alcance de la mano, mientras Ceyar los seguía desde atrás con su característico aire de confianza.
Lía, aún débil después de su encuentro con el Vigía, caminaba