El aire estaba denso, como si la misma esencia de la vida estuviera siendo succionada por la sombra del Traidor. Lía miraba al monstruo, su figura distorsionada y borrosa, como una pesadilla hecha carne. Cada movimiento de la criatura era un recordatorio de lo que estaba en juego. La habitación se había convertido en una prisión, el Traidor cerrando todo escape posible con su presencia oscura y palpable. El portal ya no era una opción; la grieta entre mundos se había cerrado, pero la puerta hac