El aire estaba espeso, cargado de una energía residual que no lograba disiparse. La sala, que antes había sido el escenario de una feroz batalla, ahora se encontraba en silencio. La luz que había estallado de Lía había dejado su huella en el lugar, pero también había dejado algo más: una sensación de vacío, como si la oscuridad misma hubiera absorbido todo lo que la rodeaba.
Lía se encontraba de rodillas, exhausta, con los ojos cerrados. La luz que había estallado de su ser se había disipado, p