El silencio después de la revelación del Guardián era una sombra espesa que se cernía sobre el grupo. Sacrificar al bebé.
Aurora no podía dejar de sentir las palabras resonando en su mente, como un eco imposible de acallar. Su hijo… la llave para detener la guerra.
No. No lo permitiría.
Damien estaba a su lado, su mano aferrada a la suya con una fuerza casi dolorosa. Su mirada era un torbellino de emociones: furia, determinación, terror. Jamás permitiría que se llevaran a su hijo.
—Nos vamos. A