NAHIA
Camille ya me está esperando, impaciente, sus ojos brillan con una mezcla de emoción y complicidad, y tan pronto como nos encontramos, estallamos en una risa ligera, nerviosa, como si compartiéramos un secreto que el mundo no podría entender. El aire fresco de la mañana nos envuelve, pero realmente no nos toca, absorbidas como estamos por la promesa de este día, por el escalofrío de las posibilidades, por este vértigo anticipado.
— Entonces, ¿listas para el asalto? —me dice, y asiento con