NAHIA
Antes de sentir el escalofrío del lujo en mis dedos, tuve que encontrar a Camille, llevarla a este mundo que se me abría como una promesa prohibida, y ya sentía la tensión anudarse en mi estómago, esa impaciencia dulce y ardiente, esa mezcla de miedo y emoción que me hacía temblar en cada paso.
Salgo del edificio donde Salvatore me ha dejado, la tarjeta aún deslizándose en mi bolsillo como un peso extraño y fascinante, y camino por la calle, mi mirada buscando la de mi amiga. Cada luz, ca