—Me tomé tres días, luego debo regresar —espetó apesadumbrado.
—¿En dónde te quedarás?
—Llegué anoche, estoy en un hotel hospedado.
—Bien. —Tomó un poco de su bebida—. Entonces supongo que nos veremos todos los días hasta que te vayas.
—Seguro —afirmó el joven—. Dime, ¿qué actividades hay en Zaragoza para hacer?
—Hay varias, dependiendo de lo que te guste.
—Algo interesante.
—Hay varias actividades para que puedas hacer, hay algunas que son de riesgo.
—Quería que fuéramos los dos. Claro,