—Pasa —dijo ella con tono calmado.
Alan ingresó al domicilio, encontrándose con una casa muy cálida, bastante iluminada y de colores neutros. Milagros le ofreció un café al cual él accedió, y le indicó que la esperara en la sala indicándole el lugar. El hombre entró encontrándose con un juego de living en colores oscuros y se sentó en el más grande. Ella regresó con una bandeja que contenía dos tazas y un tazón con galletas dulces.
—Aquí tienes —espetó dándole su taza—. Traje unas galletas que