—¡Atiende! ¿Qué esperas? —dijo con prisa.
—¿No sé si quiera hablar con él?
—No sabes para que te llama, quizás es importante.
—Está bien.
—Y dile lo que está sucediendo.
—Cierra la boca —espetó luego de atender.
—¿Me dices a mí? —preguntó el hombre del otro lado de la línea.
—No, disculpa Alan. Estaba discutiendo con Sara. —Caminó hacía la sala.
—Bien. Antes que nada… ¡Hola! ¿Cómo estás?
—Estoy estupenda —respondió sin poder reprimir un tono irónico.
—Me alegro, yo también estoy estupe