Los días fueron pasando y Sara no tenía noticias de su amiga. Temía que tomara una decisión equivocada, pero sabía que con lo testaruda que era, sería imposible poder persuadirla de hacer lo correcto, al menos, bajo sus creencias. Por eso decidió ir hacia su casa y ver que su amiga no había hecho ninguna locura.
La joven tocó el timbre esperando que la atendiera y estuvo un tiempo considerable en la puerta esperando, incluso, tocó varias veces. Cuando estaba por ir directo a la policía para hac