El teléfono que Astrid había tomado de Fabricio al momento que se despidió fue arrancado de su mano, dejando sordo su oído de la voz de Liam. La sangre de su cuerpo cayó a sus pies dejando temblorosos sus muslos.
—¡Eres una maldita, zorra! —. La mano de David Ferrer se estrelló en el rostro de Astrid provocando que cayera al suelo y su mejilla se enrojeciera—. Sabía que harías cualquier cosa, ¿a quién llamaste? —cuestionó al levantarla de los hombros y sacudirla.
—¡David! —la estruendosa voz de