—Entiende tú, David Ferrer… Astrid es lo más importante de mi vida, la madre de mi hijo, la mujer que amé, amo y amaré hasta el final de mis días, y si tengo que morir por ella, lo haré. No voy a permitir que nadie más intrigue sobre mi relación ni mucho menos que la lastimen.
—Está bien, no me meteré más en tu vida, pero cuida a tu mujercita, porque si arruina nuestro negocio ahí sí que la despellejaré viva.
—Suena fácil, pero tienes que pasar sobre mi cadáver.
Mientras los dos hombres se fulm