El auto de Robert Johnson corría por las solitarias calles de París; sabía que, si se distraía un momento, la vida se le iría junto a ella. Si bien era cierto que había pensado dejarla ir y continuar sin ella, eso no implicaba que dejaría de protegerla.
Cuando estuvo al mismo nivel del auto, observó al chofer y este le disparó, pero no logró herirlo. Robert pisó más el acelerador y, cuando logró tener la distancia suficiente, atravesó su auto esperando que el que venía tras de él se detuviera;