Mundo ficciónIniciar sesiónLa puerta de madera de la oficina se cerró con un golpe seco, pero el ruido no logró apagar el zumbido sordo que tenía instalado en la cabeza. Me dejé caer en el sillón de cuero tras el escritorio, apoyando los codos en las rodillas y hundiendo el rostro entre las manos. Todavía podía sentir el frío del callejón pegado a la piel de mis brazos y, en la yema de los dedos, el vacío de no haber podido tocarla.
*«No me pidas que confíe en ti cuando has hecho todo lo posible para que te od






