Mundo ficciónIniciar sesiónEl rugido del motor de mi coche ya no me servía de anestesia. Aquella noche, tras ver cómo Lisa cerraba la puerta de un golpe y corría hacia su portal con el rostro empapado en lágrimas, me quedé inmóvil al volante durante más de una hora, con las manos aferradas al cuero con tanta fuerza que los nudillos me quedaron blancos. Sus palabras seguían rebotando en el habitáculo como metralla: *«¿Cómo puedes meterte en mi vida, hacerme sentir lo que me hiciste sentir, y después desaparecer días ent







