Capítulo 92. Enfrentar al enemigo.
Leonella sintió que las uñas se le clavaban en las palmas de las manos. La rabia sustituyó al miedo en un segundo. Miró la pantalla del teléfono que Héctor sostenía con fuerza contenida.
—Esa maldita víbora no se cansa —siseó Leonella, con la mandíbula rígida y los ojos inyectados en fuego—. ¿Pasado oculto? ¿Delincuente? Lo único que he hecho en mi vida es trabajar para sacar adelante a mi hijo mientras ella se dedicaba a destruir vidas con su dinero. Es una calumnia barata, Héctor.
Héctor guar