Capítulo 45. No le pertenezco a nadie.
Héctor se quedó petrificado, con la mano aún sobre el brazo de ella, sintiendo que el aire se le escapaba de los pulmones como si le hubieran propinado un golpe en el estómago.
La habitación pareció encogerse. La luz del sol, que antes parecía cálida, ahora revelaba la magnitud del desastre.
—¿Pierina? —la palabra salió de su boca como un pedazo de plomo.
Ella se incorporó, cubriéndose el pecho con la sábana, pero sin dejar de mirarlo con una mezcla de adoración y malicia.
—Me dijiste que me