Capítulo 39. El juego de las sombras.
Leonella cerró los ojos un segundo. Inhaló el olor a salitre y a los químicos de su padre, buscando fuerza en su propia sangre para controlar el enojo que bullía en su interior.
Quiso gritarle, decirle que lo sabía todo, que había descubierto que era un gran manipulador, un desgraciado que solo quería casarse con ella para tener el control sobre las patentes de su padre, pero no lo hizo; sabía que no era el momento aún, debía esperar para desenmascarar al hombre.
Cuando habló, su voz era seda p