Capítulo 34. El demonio herido.
Mientras Leonella y Alessandra iban en búsqueda de Patricio Casal, Héctor De la Vega no recordaba cuándo había sido la última vez que durmió más de tres horas seguidas. El cansancio era una costra pesada sobre sus hombros, pero su mente se negaba a apagarse. Estaba de pie frente al ventanal de su ático, con la ciudad extendida a sus pies como un tablero de piezas insignificantes.
Sostenía un vaso de whisky. El tercer vaso de la hora. El líquido ámbar, caro y fuerte, apenas lograba adormecer el