Capítulo 23. Nido de víboras y la amenaza del linaje.
Héctor no tuvo tiempo de saborear la amargura del whisky. El teléfono personal, aquel que solo atendía por obligación de sangre, vibró sobre el escritorio de mármol. El nombre en la pantalla hizo que su mandíbula se tensara: Doña Eugenia.
—Madre, no es un buen momento —soltó Héctor sin saludar.
—Siempre es un buen momento para recordarte tus deberes, Héctor —la voz de su madre era una seda afilada—. El escándalo del hospital está en todos los medios. "CEO de la Vega en riña de hospital". Es deg