Capítulo 132. El hilo de la herencia.
Héctor no se movió. Su mandíbula de granito permaneció fija mientras sus pupilas oscuras devoraban el vacío que había dejado la pantalla al apagarse. Las últimas palabras de Pierina flotaban en el aire del despacho principal como partículas de veneno puro.
Leonella bajó la tableta electrónica con un movimiento seco, rítmico, clavando sus ojos de acero en Montero, quien ya presionaba el auricular táctil contra su oído con un semblante sombrío.
—Habla, Montero —ordenó Héctor con su voz ronca de m