Capítulo 131. La confesión de la infame.
Pasaron tres semanas exactas. Veintiún días de un silencio tenso en los tribunales donde el imperio De la Vega estabilizó sus acciones tras la purga interna.
Héctor había recuperado casi por completo la movilidad de sus músculos y su voz ronca de mando, asistiendo al despacho de la corporación escoltado por Montero. Sin embargo, el chisme y la espina de la última declaración de Pierina desde Suiza les carcomía las entrañas.
A través de una videoconferencia encriptada y blindada por las autorida