Una sonrisa de Pandora
Fernando tomó mi mano, pero lejos de ser un tirón brusco, autoritario y asfixiante, como cada vez que Bones se acercaba a mí, como si quisiera destruirme entre sus manos… solo pensar en él hacía que se me cerrara la garganta.
—¿Me estás escuchando, Genoveva? —increpó Fernando, sacándome de mi ensimismamiento. Tomó mi rostro, provocando que lo mirara.
—¿Está muerto?
—Sí —asentí temblorosa, y entonces le escuché decir:
—Deja de evadirme. ¿Por qué no me dijiste que lo conoc