Mundo ficciónIniciar sesiónDesmond, un agente especial de la policía, se sume en un intrincado mundo oscuro y fatídico, donde conocerá a su nueva compañera, llamada Annie a secas por ella misma, que hará lo posible por mostrarle la verdadera perspectiva de los que tanto protege. Acorralado en una aventura vasta y minada por horrores inenarrables, Desmond tendrá que ver cómo poco a poco la llama de su inocencia y empatía se apaga y vuelve en cenizas. Desolado, sin saber qué más hacer, recurre al pasado de la mujer, de aquel ser extraño e inmortal, que azota su mente y moral todos los días. Encontrará un sentimiento reacio a irse y un deseo descomunal que arrasará con todo su raciocinio, y Annie no hará más que envolverlo en sus artimañas para verlo convertido en lo que tanto desea.
Leer másDesmond, un agente especial de la policía, se sume en un intrincado mundo oscuro y fatídico, donde conocerá a su nueva compañera, llamada Annie a secas por ella misma, que hará lo posible por mostrarle la verdadera perspectiva de los que tanto protege.
Acorralado en una aventura vasta y minada por horrores inenarrables, Desmond tendrá que ver cómo poco a poco la llama de su inocencia y empatía se apaga y vuelve en cenizas. Desolado, sin saber qué más hacer, recurre al pasado de la mujer, de aquel ser extraño e inmortal, que azota su mente y moral todos los días.
Encontrará un sentimiento reacio a irse y un deseo descomunal que arrasará con todo su raciocinio, y Annie no hará más que envolverlo en sus artimañas para verlo convertido en lo que tanto desea.
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ADVERTENCIA
•Esta novela contiene escenas sangrientas muy explícitas, al igual que contenido sexual.•Cualquier crítica hacia la religión o creencias no está dirigida a cualquier público en específico.•Los capítulos son extensos, de entre dos mil y tres mil palabras. Dividirlos no será posible.
Lee este manuscrito bajo tu propio riesgo.Si lo harás, te agradezco muchísimo. Espero que te guste y que comentes o apoyes.
«¡Nunca lo olvides, Desmond! ¡No dejes que devore a más celestiales! ¡Sálvalos, límpialos, hazlos volver! ¡No dejes que les haga lo mismo que a mí! Sálvalos, por favor. No dejes que se manchen…».Me remuevo e intento librar mi batalla contra ese paisaje tan desalentador que se genera frente a mí; un lobo hecho de sombras con orbes rojizos devora algo, algo que antes no era malo.«Ahora solo soy un cascarón de lo que fui. Solía ser un celestial».Sueño con esa voz apagada y a su vez colmada de una divinidad extraordinaria mientras aquella bestia despedaza unos miembros.«¡No dejes que devore a más celestiales!».Me despierto con una opresión en el pecho que me impide respirar.«¿A quién le pertenecía esa voz?», me pregunto con la respiración errátic
—Pecar es una proeza exquisita, ¿no te parece? Los policías se miran entre sí, anonadados por su comentario. Entorno los ojos y me alejo de su lado para captar con mejor atención lo que hacen los peritos; recogen el cuerpo —en realidad, lo ponen en una bolsa negra—, así como muestras, toman fotografías y acordonan la zona. A Annie le permiten estar en la escena para poder ver mejor las heridas del cadáver. Es otra mujer joven, quizás estudiante de alguna academia de prestigio por su uniforme recatado de corte de diseñador. Cuando la pelirroja alza la vista y me observa, sé qué hacer. Me dirijo a los policías, los comunes, les muestro mi placa y les digo que a partir de ahora la PEDS se encarga. Pálidos y atónitos, asienten y se marchan en su vieja patrulla. Vuelvo con mi compañero y me sitúo a su costado. Los peritos terminan su trabajo, nos comentan que esperarán en su camioneta y después caminan hacia ella mientras se hablan en voz baja. Ann
La ignoro cuando entro en la oficina y me siento con pesadez en mi escritorio. Sé que me observa porque mi cuerpo no tarda en intimidarse bajo su escrutinio. Sigue con la burla de las gafas y se apega a ella infantil. Sé, asimismo, que lo hace para fastidiarme. Reprimo un resoplido y deslizo la mirada por la pila de carpetas que tengo encima del escritorio. —Hoy tampoco saborearemos la calle o el bosque —comenta sabiendo qué pienso. Bueno, en realidad deduce mi pensar por cómo miro los folios. —Te vas a empecinar en seguir jodiéndome, ¿verdad? —escupo de repente. Suelta una carcajada aguda. —Oh, vamos, Desmond, solo fue un juego… Interrumpo su melodiosa voz al darle un golpe seco a la madera vieja de mi escritorio. No se inmuta, antes sonríe con fuerza, como si mi arrebato le agrada. —¿Podrías, por lo menos, detenerte por un tiempo? —La encaro frustrado. Se toquetea el mentón, pensativa. —¿Qué me darás a
Deposita la cabeza cercenada aún en la bolsa negra en la mesa metálica de disección de nuestra morgue especializada en seres sobrenaturales. El médico forense, un viejo que ha visto más que cualquiera en esta vida, aplaude eufórico y presiona el cigarro en un plato ovalado que en realidad es de cocina. —Oh, un reptil. —Alza la cabeza y la acerca a su rostro para inspeccionarla mejor de cerca—. ¿Y el cuerpo? ¿Por qué no lo trajiste? —le masculla a Annie, que se encoge de hombros—. Me debes uno. —Hecho, maldito psicótico. Él la ignora y me observa. —¿Y este muchachito? —vuelve a dirigirse a la pelirroja. —Mi compañero —le responde con una sonrisa. —¿Compañero? ¡Por todos los santos de la ciencia! ¿Es en serio? —Deja caer la cabeza como si fuera una pelota y se aleja para agarrar varios instrumentos de disección—. Esto sí es una verdadera hazaña. Annie se mira las uñas simulando a cierto personaje de película y hace un ade
Último capítulo