El sótano parecía respirar a su alrededor. La energía oscura que impregnaba las inscripciones era palpable, casi asfixiante. Lucas, Alice, Mathias y Léa estaban frente al sello roto, con la mirada fija en el círculo fracturado y en las líneas que parecían vibrar bajo la luz vacilante de la lámpara de aceite.
Lucas, esforzándose por dominar su angustia, se volvió hacia Mathias. —Si este sello se ha roto, alguien lo ha hecho. No fue un accidente. ¿Pero por qué? ¿Y para liberar exactamente qué?
Mat