El grupo se había dispersado por la casa, buscando desesperadamente pistas que pudieran guiarlos. Cada habitación explorada parecía contener fragmentos de historia, pero ninguno de ellos parecía completo. La atmósfera se volvía cada vez más opresiva, como si la misma casa reaccionara a sus movimientos.
Lucas, Mathias, Alice y Léa se habían quedado en el ático, donde las imágenes del ritual en el espejo seguían atormentándolos. Mélanie y Hugo, aún demasiado débiles para moverse, se habían quedad