Cuando la puerta se cerró detrás de mi madre, Carla me miró en silencio unos segundos, como si supiera exactamente lo que pasaba por mi cabeza.
Tenía que hacerlo, lo sabía. Solo necesitaba reunir el valor suficiente.
—Fran… —susurró mi amiga, extendiéndome la cajita del test—. Vamos a hacerlo ya, ¿sí? Así sales de la duda.
Asentí, aunque sentía que las piernas apenas me sostenían. Fuimos al baño y, mientras seguía las instrucciones del test, Carla se quedó a mi lado, de pie junto al lavamanos,