Carla carraspeó, llamando nuestra atención y sacándome del shock en el que había entrado al verla trabajando allí. Quise creer que su presencia era una simple coincidencia, y no una maniobra planeada por Isidora.
—¡Hola, Carla! ¿Cómo estás? —la saludé con una sonrisa amable, tratando de sonar natural.
—Bien, ¿y tú? —respondió con una sonrisa tímida, claramente incómoda con la situación.
—Muy bien, me alegra verte de nuevo —dije con simpatía. De reojo noté cómo Isidora hacía una mueca de disgust