Su prominente nuez de Adán, enrojecida, se movió varias veces hasta que se calmó. Colocó el brazo de ella alrededor de su cuello, se giró de lado y, pasando un brazo bajo sus piernas y otro sosteniendo su espalda, la levantó en brazos como a una princesa.
Al salir del club, pidió al portero que llamara a un conductor sustituto.
Mientras esperaban, se acercaron dos coches.
Joaquín y Ricardo bajaron uno tras otro del mismo vehículo.
En el otro venía Alejandro.
Ricardo, al ver a Luciana en brazos d