—No, nada, no decíamos nada, ja ja...
Joaquín rió, tirando de Ricardo para alcanzar a Alejandro.
Ricardo preguntó: —Alejo, ¿qué te pasa? Pareces de muy mal humor.
Alejandro torció los labios. —Estoy embrujado.
Desde su divorcio con Luciana, descubrió que aún le importaba mucho.
Especialmente cuando vio la casa donde vivieron cuatro años destrozada por ella, su mente se descontroló.
Quería reconciliarse, pero Luciana se negaba rotundamente a darle una oportunidad.
Cuando pensaba en su rostro frío