Luciana suspiró. Esa conversación contenía demasiada información.
Se quedó dormida sobre el escritorio trabajando hasta tarde. Al despertar tenía todo el cuerpo adolorido.
Daniela, ya sobria, agitó la tarjeta frente a ella:
—Muchas gracias.
Luciana sonrió con agrado. Después de que Daniela se fuera, se arregló y fue a trabajar.
Apenas llegó al bufete, Sebastián la llamó a su oficina para que lo acompañara a ver a un cliente.
—¿Necesito preparar algo? —preguntó obediente.
—Solo escucha —respondió