Diciendo esto, pasó junto a él sin detenerse. Alejandro estaba furioso, pero estaba acostumbrado a que siempre Luciana fuera quien buscara la reconciliación después de cada pelea. Ahora, aunque deseaba que ella volviera, no podía dar su brazo a torcer.
Con el ánimo por los suelos, llamó a sus amigos para beber. En la sala privada reinaba un silencio incómodo; nadie se atrevía a hablar. El caso de Vanessa y las drogas era el chisme bomba del momento. Todos habían culpado injustamente a Luciana, c