Luciana miró a Alejandro sintiendo una punzada en el corazón. Entonces todo lo que ella había aportado al matrimonio no valía nada para él, ¿ella misma tampoco tenía ningún valor?
—¿Así que en tu opinión solo sirvo para lavarte la ropa y cocinarte?
Un nudo se formó en su garganta, pero se obligó a contenerlo. Se había prometido no derramar ni una lágrima más por él.
—Bien, supongo que me lo busqué yo sola —después de todo, ¿quién la mandó a ser tan ciega como para elegir a semejante espécimen?