Le pareció muy infantil.
Nunca le había abrochado el cinturón así a Luciana, y ella tampoco se lo había pedido nunca. Aunque Luciana tenía un rostro inocente y delicado que despertaba deseos de protegerla, en realidad era muy valiente. Alejandro sacudió la cabeza, molesto consigo mismo por estar pensando en ella otra vez.
—Vamos al paseo peatonal —dijo María. Había investigado en internet y, aunque el paseo estaba lleno de tiendas, tenía plátanos a ambos lados de la calle. Si bien era invierno y