María llegó al hospital y bajó del carro. Aunque a Lucas le caía mal lo mimada que era, igual se quitó la chaqueta de mezclilla y se la lanzó:
—Tu ropa está hecha pedazos.
María miró y vio lo mal que estaba. Nunca en su vida se había sentido tan desarreglada.
Agarró la chaqueta que Lucas le tiró y se la puso: —Gracias.
—No es nada, no tienes que agradecer —le contestó Lucas, quitándole importancia.
—Cualquiera en mi lugar haría lo mismo, no es para tanto.
María miró a Lucas. Siempre lo había sen