Sebastián miró a María un buen rato y le respondió en una voz grave:
—Bonita.
María brilló con los ojos.
—¿De verdad? ¿Cuándo la traerás a casa? —preguntó, emocionada.
Laura, de porte elegante, sonrió un poco mientras miraba con expectativa a su hijo: —Sebastián, dale, tráela para que la conozcamos. Si ella está de acuerdo, entonces pueden casarse dentro de poquito.
Laura estaba feliz porque su hijo tenía una novia:
—No tenemos exigencias con la chica, mientras te guste, está bien.
Laura conoc