—Vamos.
Luciana quería llevar a Sebastián al hospital.
—Abogado Campos, usted vaya, nosotros nos encargamos de esto. Es algo pequeño, podemos manejarlo, así que no se preocupe.
Sebastián asintió.
Luciana lo tomó del brazo y lo llevó a la acera para parar un taxi. Sonriendo un poco, Sebastián la miraba, viendo lo mucho que ella se preocupaba por él.
Por suerte, era fácil encontrar un taxi, más rápido que manejar de vuelta. El taxi paró cerca, y Luciana abrió la puerta.
—Abogado Campos, suba usted