Sebastián estaba bromeando.
Luciana sabía muy bien que lo decía en broma, pero igual le sopló suave. Sus labios, rosados como pétalos de flor mojada por el rocío de la mañana, eran suaves y llenos de vida.
El efecto de la anestesia aún no se había ido del todo de la mano de Sebastián, así que no sintió el aire tibio en su piel.
Toda su atención estaba en sus labios.
Sus labios tenían una forma bonita, tanto al hablar como al sonreír.
Sebastián recordó la última vez que la besó, lo suaves que era