Alejandro sentía como si toda la sangre de su cuerpo estuviera subiéndole directo al cerebro.
Si antes aún albergaba una pizca de esperanza, ahora lo veía todo con claridad: Luciana realmente quería alejarse de él.
Ya no quería volver a su lado.
¡No!
¡No podía aceptarlo!
Luciana se abrochó el cinturón de seguridad en el auto.
Escuchó los gritos de Alejandro, pero su expresión siguió completamente tranquila. Sebastián la miró de reojo.
Al ver que no se dejaba afectar, sonrió un poco.
Encendió el