Al leer la última línea, Luciana sintió un miedo tan fuerte que la carta se le resbaló de los dedos.
¡Qué tipo tan enfermo!
¿Andrés seguía obsesionado con ella incluso desde la cárcel?
Solo de pensarlo, la piel se le erizó.
Era aterrador.
Se frotó los brazos, intentando calmarse, y se agachó para recoger la carta, pero sin pensarlo mucho, la hizo una bola y la tiró directo a la basura.
Solo esperaba que, cuando Andrés saliera, ya hubiera cambiado.
Para ella, un amor sano se basa en la comprensió