La dueña del local tenía un gusto exquisito.
La decoración destacaba por ser cuidada y elegante.
Luciana se acercó al mostrador. Al ver los alfajores de dulce de leche que no probaba desde hacía mucho, se le hizo agua la boca.
—¿Qué vas a llevar? —preguntó el dueño del negocio, acercándose.
Luciana sonrió.
—Alfajores de dulce de leche.
—¡Ah! ¿Tú no eres…? —el dueño la reconoció al instante, pero no recordaba su nombre.
—Luciana —dijo ella con una sonrisa, ayudándolo.
—¡Sí, sí, claro! Venías todo