Ricardo no tuvo más remedio que levantarse e ir a buscarle otra botella.
Alejandro se tomó media más y, como no podía resistir más, se desmayó completamente borracho.
Ricardo con esfuerzo lo acomodó en el sofá. Murmuró con reproche:
—Si lo hubieras sabido antes... ¿para qué tanto lío?
De repente, la puerta se abrió.
Ricardo levantó la cabeza y vio entrar a María, que traía un termo en la mano.
Había abierto la puerta sola.
¿Ella sabía el código de la puerta?
¿Se lo había dado Alejandro?
Entonces