María sintió sus mejillas ponerse un poco rojas, como una flor de durazno en plena floración, encantadora y radiante. Frente al hombre que le gustaba, su mente empezó a imaginar cosas prohibidas.
Tragó saliva.
Extendió la mano y acarició el pecho de Alejandro...
Alejandro dio un paso atrás, mirándola con asombro.
La mano de María quedó suspendida en el aire, un tanto avergonzada, su rostro se enrojeció aún más.
—Lo siento… —murmuró mientras bajaba la mano.
Alejandro bajó la mirada y observó su c