—Escuchaste mal —dijo Sebastián, y colgó la llamada.
Brooks quedó aún más confundido.
Miró su teléfono, pensando:“¿Será que el señor Campos está enamorado?”
Sebastián guardó el móvil, se levantó y fue a servir un vaso de agua tibia. Lo dejó sobre la mesa, luego se sentó al borde de la cama para ayudar a Luciana.
Le acercó el vaso a los labios y lo inclinó suavemente hasta que el agua tocó su boca.
Luciana, al sentir el líquido, empezó a beber con ganas.
Se la terminó en pocos segundos.
Sebastiá