Daniela cruzó los brazos. Las habitaciones las había reservado Andrés, y la de ellas quedaba justo al lado de la suya.
Andrés preguntaba sabiendo perfectamente la respuesta.
Y aún así, ella tenía que seguir con el teatro.
—8802.
Andrés fingió sorpresa.
—¡Qué coincidencia! Yo estoy en la 8803.
Daniela puso los ojos en blanco.
Luciana también lo encontró raro.
—Qué casualidad, de verdad.
—Uf, total. Las mejores historias siempre empiezan con una coincidencia, y esta historia da para escribir un li