Daniela giró la cara para no ver a Luciana.
—Estoy cansada, no tengo ganas de andar en juegos.
Andrés se metió rápido para evitar que todo se pusiera más tenso.
—Luciana, vamos tú y yo. Es largo el camino, y si nos demoramos mucho, ya va a ser mediodía cuando lleguemos.
Luciana se encogió de hombros.
—Está bien.
Las bicis turísticas eran dobles, para ir sentados uno junto al otro. Andrés quedó tan cerca de Luciana que podía oír su respiración y sentir ese aroma suave que siempre tenía.
El corazó